La la Land. La Ciudad de las Estrellas: Mágica y maravillosa enciclopedia del musical

La la land. La ciudad de las estrellas
Hay dos tipos de personas: a los que le gustan los musicales y a los que no. Yo nunca he podido entender a los segundos, porque los musicales son la quintaesencia del cine: conjugan sonido e imagen e inspiran. Emocionan. Hacen soñar. Lo que debe ser el cine, vamos. Bueno, pues me merezco una sonora bofetada por pedante, por soberbio y, en definitiva, por snob. Después de "Whiplash" -que no me gustó nada- pensaba que el director iba de listillo, de intentar reinventar la rueda, a estas alturas. Señores, pues lo ha conseguido, creando un mágico y maravilloso compendio de toda la historia de los mejores musicales de la historia del cine. Desde Al Johnson hasta Bob Fosse. Desde Busby Berkeley hasta Gene Kelly. Desde Fred Astaire hasta Andrew Lloyd Weber. Una verdadera barbaridad, que no para de emocionarte desde el minuto uno y que te lleva por un épico y deslumbrante viaje por la ciudad emblemática del cine, por los sueños de aquellos que llegan para triunfar y pelean hasta quedarse exhaustos.

Fui a ver esta película con las de Caín, arqueando una ceja escépticamente por la acogida que ha tenido en su estreno y en la última entrega de los Globos de Oro, donde ha arrasado. Pero me he encontrado con una de las mejores, más tiernas, dulces y preciosas historias que he visto en la historia del cine. Ojo, que llevo muchas (muchísimas, diría yo...) horas viendo películas, y podría decirse que estoy curado de espanto y que no me sorprende (casi) nada. Bueno, pues ésta me ha sorprendido. Ya, ya sé que pudierais decir que me gusta el almíbar, las historias de amor blandengues, y todo eso. Nada más lejos: soy de los que piensan que lo que no está justificado en la historia, en el guión, sencillamente sobra. Ya sean efectos especiales, vestuarios espectaculares, música atronadora, desnudos sugerentes... si el guión no lo requiere, sobra. Pero aquí es que no sobra nada. Ni una coma del guión, ni una nota de la banda sonora, ni un fotograma de la fotografía. Nada. Es sencillamente perfecta y se va mejorando a sí misma a cada secuencia, cada vez mejores, más emocionantes, más mágicas... maravillosa de principio a fin.

Pongámonos en situación: una de las miles de chicas que llegan a Los Ángeles para triunfar como actriz y que por supuesto, trabaja de camarera (eso sí, en los estudios Warner -suena a la justificación de la madre de Helen Hunt en "Mejor Imposible", que explica que su hija es camarera en Manhattan....-). Un pianista obsesionado con el Jazz, mitómano, y cuyo único objetivo es montar su propio club. Ambos se cruzan, fortuitamente, y su amor, su llama es como un fogón estropeado, que no enciende a la primera; que tampoco enciende a la segunda; pero que a la tercera no solo enciende, sino que provoca una llama que deja a todos deslumbrados, desarrollándose una bellísima historia de amor.

Pero es que Chazelle -del que tanto renegué por "Whiplash", me merezco otra bofetada- no solo se ha permitido el lujo de beber (y digerir) toda la mejor tradición de los musicales (me repito, con referencias al claqué, al Jazz, a Esther Williams... y así hasta el infinito), sino que encima es capaz de articular un relato con una dirección ágil, brillante, dinámica, perfecta, en definitiva. Y del guión, ya es que no hablamos (y que también ha escrito el propio Chazelle): consigue que lo que en otros musicales pueda resultar chirriante, aquí encaje a la perfección. No quiero hacer ningún spoiler, pero utiliza una serie de metáforas visuales y argumentales tan imaginativas y chispeantes que te deja sin habla (¿qué mejor que los míticos atascos para llegar a Los Ángeles para ejemplificar los sueños de todos los que llegan a la ciudad? ¿qué mejor que una chica que se tiene que cambiar los zapatos de tacón al salir de una fiesta, para ponerse a bailar...? -no sigo-).

Dos protagonistas carismáticos, guapos, dulces, tiernos, con carácter, así como una banda sonora y unos números musicales verdaderamente fantásticos (tanto en coreografías como en canciones o música) terminan de cincelar una de las mejores experiencias cinematográficas que he tenido en mi vida. No recuerdo haber tenido tanta emoción a la hora de ver una película desde hace muchos años. Estamos ante una obra mucho más profunda y sólida de lo que pudiera parecer a simple vista ya que "no es un simple musical". No, es una mágica y maravillosa enciclopedia de uno de los géneros que jamás haya definido al séptimo arte, y que como suele suceder, es de los más complicados de hacer: el musical, que además hay que verlo im-pe-ra-ti-va-me-n-te en gran pantalla (cuanto más grande, mejor) y con un buen sonido. Es ya, un clásico imprescindible de la historia del cine. Te llenará el alma. Y pocos premios le han dado, se los merece todos. Absolutamente todos


La La Land te hace reencontrarte con el cine en mayúsculas, ese que te provoca mil emociones, que te hace llorar, reír, soñar... que te llena el alma. Da igual que no sea perfecta, porque al final lo importante es que te llega. Y te toca. 

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1 comentario:

Mike dijo...

Muy bueno! Todavía no la he visto pero estoy casi seguro que opinaré lo mismo.