Rey Arturo (La Leyenda de Excalibur): Cómo convertir a un Rey en un Macarra (o viceversa)

Rey Arturo (La Leyenda de Excalibur)
Director
Guion
Joby Harold, Guy Ritchie, Lionel Wigram (Historia: David Dobkin, Joby Harold)
Música
Daniel Pemberton
Fotografía
John Mathieson
Reparto
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Ritchie siempre ha tenido, desde su llegada a la publicidad, un estilo visual rompedor. Todas sus películas, desde la mítica "Lock & Stock" a todas las de la saga de Sherlock Holmes (versión Downey Jr.) comparten ese estilo alocado, videoclipero, frenéticamente deslumbrante y transgresor que tienen todos sus trabajos, por otra parte desiguales, ya que exceptuando la mencionada "Lock & Stock" y por supuesto "Snatch, cerdos y diamantes", el resto de su filmografía es un delirio de imágenes chulas, pero realmente vacías. Como si Tarantino o Scorsese se hubieran tomado medio kilo de anfetaminas.

De esta manera, cuando uno ve por primera vez una película del exmarido de Madonna, uno queda por menos que sorprendido, cuando no deslumbrado por la creatividad de los planos, por el montaje, por el uso de la banda sonora... pero el problema viene cuando uno ve más de una película de este director: en todas se comparte la misma narrativa, los mismos usos de la cámara, los mismos recursos. Está bien que eso surja en el contexto de los bajos fondos del Londres actual... pero cuando lo trasladamos a la etapa victoriana de Sherlock Holmes, empieza a chirriar, aunque no deja de tener su gracia. Pero cuando todo este batiburrillo de cámaras subjetivas, imágenes aceleradas (o en cámara lenta), diálogos vacilones, lo intentamos encajar en la Inglaterra posromana del siglo X, nadie se lo cree.

Jean Renoir dijo aquello de que todos los directores de cine hacían siempre la misma película, y en cierto modo tenía razón. Pero en el caso de Ritchie es casi literal, porque es una especie de plantilla que aplica a todo lo que quiera contar, y eso va en este caso en detrimento de una historia que está bien articulada en el guión (aunque no le perdono que no aparezca Lancelot, para mí el personaje más carismático de toda la mitología artúrica junto con Merlín -que tampoco aparece-), pero que a base de intentarlo encajar en sus modos y maneras, Ritchie termina por banalizarlo tanto que resulta sencillamente nada creíble: tras ganar al Mago Mordred, el rey Uther ve como su hermano Vortigern usurpa su trono, pero su hijo Arturo consigue huir de la masacre. Criado en un burdel de Londinium, el chaval crece convirtiéndose en un jefecillo de los bajos fondos, mientras que Vortigern está obsesionado en encontrar al rey legítimo que pueda sacar la espada mágica Excalibur de la piedra...

Eso ya lo conocemos todos de carrerilla, pero la transformación personajes al estilo Ritchie resulta tan pintoresca como ridícula. Ver a Arturo entrenarse en peleas cuerpo a cuerpo (como hemos visto a Brad Pitt en Snatch, como hemos visto a Downey Jr en la saga Sherlock Holmes...) es tan poco ortodoxo como chocante, como igual de chocante es ver a un chino dando clases de Kung fu (citado así por los personajes...) o a un negro convertido en noble anglosajón (volvemos a la inexplicable corrección racial de algunas películas, y que conste que Djimon Hounsou es de las mejores cosas de la película). El caso es que todo vale para mostrar otra nueva versión de su queridísima Londres, que ya la ha retratado en el siglo XX, en el XXI, en el XIX y ahora en el XI.

En cuanto al protagonista, Hunnam, famoso por las series "Queer as folk" (algo así como "Extraño como la gente", aunque "Queer" también significa "maricón", y la serie cuenta la vida de tres hombres gays en Manchester...) y sobre todo por "Sons of Anarchy" ("Hijos de la Anarquía", donde interpreta al vicepresidente de un particular club de moteros...), se esfuerza en hacer lo que en otras películas hizo Jason Statham (Lock & Stock, Snatch), Gerald Butler (RockandRolla) o Robert Downey Jr. (Sherlock Holmes): ir de vacilón. En el caso de Hunnam, no ha tenido que esforzarse mucho en el toque vulgar porque ya lo traía de fábrica tras las varias temporadas de "Sons of Anarchy", pero... ¿esto es lo que era Arturo de Bretaña? ¿El Rey Arturo, el que sacó la espada Excalibur y reinó sobre todos los ingleses no es más que el jefe de una banda de macarras de puticlub (literalmente)? Hombre, resulta por menos que indigesto de tragar, ya que tenemos tantos referentes anteriores (empezando por el "Excalibur" de John Boorman) que tienen el componente heroico y épico -como debe ser, si hay un personaje que represente todo esto, es precisamente Arturo de Bretaña...-, que resulta tan bizarro que es prácticamente imposible que conectemos con el personaje (e incluso con la historia). De la misma forma, también resulta algo penoso ver el registro casi paródico de Jude Law como el malvado rey mago Vortigern, con aspavientos constantes y los ojos tan abiertos que parece que va a sufrir un paro cardiaco en cualquier momento. De todas formas, Ritchie se ha pegado un buen empacho de "Juego de Tronos" para construir todo este universo de caballeros, magos, reyes y putas. Y se nota mucho.

Sí, hay imágenes muy espectaculares, sobre todo en la batalla inicial de Mordred y el rey Uther, aunque los efectos especiales son tan impresionantes que parezca que estemos viendo un videojuego. Sí, hay momentos divertidos y bien contados, pero al final no terminan por funcionar. Eso sí, la banda sonora y el uso de acordes antiguos y canciones en gaélico me ha parecido original, interesante. De hecho, de las pocas cosas coherentes que hay en la película, que a partir de la segunda mitad ve como su guión parece atomizarse y supeditarse a esas imágenes chulas, y todo resulta bastante aburrido, más que nada porque cuando un recurso se utiliza demasiadas veces, termina por cansar. 

TRAILER

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