Ready Player One: La mandíbula desencajada

Ready Player One
Dirección
Guion
Ernest Cline, Zak Penn (Novela: Ernest Cline)
Música
Alan Silvestri
Fotografía
Janusz Kaminski
Reparto
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Lo más fascinante de Spielberg no es que ruede como Dios, ni que saque lo mejor de los actores que trabajan con él, que sea capaz de inventarse un universo fascinante o que tenga el pulso y el ritmo para reinventar el cine de aventuras y acción. Lo mejor de este eterno niño que se resiste a crecer es su capacidad de reinventarse; de estar siempre en la vanguardia; de no agotar su curiosa visión del espectáculo audiovisual, siendo capaz, además, de prever cuales son las últimas tendencias de los espectadores. Y encima, siendo capaz de unir a todo tipo de público, desde los nostálgicos del cine digamos "clásico", a los consumidores de la MTV y PlayStation. Y que todos salgan contentos.

Y es que en Spielberg conviven varios directores, o al menos, dos: uno, que tiene esa capacidad de fascinación propia de un niño que va descubriendo fantasías, y el otro que intenta -bastante mal, por cierto...- revisar la historia. Mientras que el primero me fascina, es de los más importante de toda la historia del cine -sumando además la comercialidad sin restar ni un poquito de calidad a sus películas-, el otro me resulta insufriblemente aburrido, dando lecciones trasnochadas de ética y con una narrativa absolutamente impropia de él. Ese frenesí en la dirección que ha sido capaz de imprimir a "E.T.", a "En Busca del Arca Perdida", a "Tiburón", a "La Lista de Schindler" -ojo, que aquí también está presente...- en muchos casos queda inexplicablemente relegado a una manera verdaderamente coñazo de revisar acontecimientos históricos de los no nos sentimos partícipes, y mucho menos empatizamos con ellos. O quizás el propio Spielberg no consigue que lo hagamos.

En esa dualidad, si en la reciente "The Post" aburrió a las ovejas, ahora ha tocado la otra cara de Spielberg, el director que es capaz de hipnotizarte con una historia llena de emoción, de sentimientos, de niños perdidos en busca de la felicidad, como lo fueron muchos en su filmografía (desde el obvio Elliot en "E.T." hasta el Sheriff Brody en "Tiburón" o Roy Neary en "Encuentros en la tercera fase"): en un futuro cercano, el mundo es tan deprimente y está tan destrozado a todos los niveles que prácticamente toda la población vive en un mundo virtual llamado "Oasis", y en el que Wade, un adolescente con problemas en el mundo real, se convierte en el jugador Parsifal, el único que parece ser capaz de descubrir el "huevo de pascua" -en inglés, "easter egg", una característica secreta incluida por los programadores en un videojuego que aparece cuando superas una fase, o ganas un determinado objeto especial...-que le convertirá en el heredero de ese mundo virtual.

Aunque ya hemos visto películas de representaciones virtuales del mundo real, desde la mítica "Tron" al "Avatar" de Cameron o a la interesante "Gamer" -o incluso "Los sustitutos"- en esta ocasión es la única vez en que el cine es capaz de representar un mundo virtual con tal nivel de detalle y complicidad -toda la película es un verdaderamente inagotable (¡¡y agotador!!) ejercicio de nostalgia friki, desde StarTrek a Regreso al futuro, Star Wars, e incluso a Stanley Kubrick en una esplendorosa revisión de "El Resplandor"...- que prácticamente cualquier espectador entrará en la historia del lleno, hasta las trancas. Este inteligente ejercicio consigue lo que Disney ha intentado hacer desde que su creación: conectar con absolutamente cualquier tipo de público. Es más, llega un momento en que las líneas argumentales virtuales y reales se entrecruzan tan bien y tan rápido que no sabemos en qué lugar estamos... y cuál es más importante.

Soy un amante confeso de los videojuegos y de toda la parafernalia electrónica del ocio desde hace muchos años pero no es necesario que hayas jugado ni una sola partida del Pac-Man o del Tetris para entrar de lleno en el particular universo de esta película, porque Spielberg tiene recursos sobrados para echarte el anzuelo y tirar de él para no dejar ni que respires. Pero si encima te gustan los videojuegos, entonces entras de cabeza, zambulléndote de lleno en ese mundo de vidas extra, de bonus, de créditos obtenidos, monedas virtuales o capacidades más allá de la imaginación del mundo real. Todo mezclado, combinado, destilado y expuesto de la mejor manera, esa que conecta con tus propios recuerdos y te hace sentir un amable confort con lo que estás viendo. Porque aquí está todo: desde los Goonies a Indiana Jones, desde Batman o Supermán a los Transformers.  

Este juego travieso que se realiza en la película no impide que el desarrollo de personajes avance de una manera quizás algo infantil, pero no carente de interés para el guión, que supera en mucho a la novela original de Ernest Cline -que también figura como coguionista del film-. El resultado final es una verdadera montaña rusa de emociones y sensaciones, que no hace falta que puntualice que te deja realmente con la mandíbula desencajada, casi reinventando la imaginación que podamos haber tenido alguna vez a la hora de ver una película. Hay momentos en la vida de una persona en que la experiencia de ver una película te marca definitivamente y a partir de entonces todo el cine que ves lo ves de una manera diferente. Pues seguramente después de ver "Ready Player One" pueda sucederte esto, porque prácticamente hasta ahora se ha podido realizar una experiencia audiovisual en la historia del cine de este calado. Y la ha hecho el midas de Hollywood, aquel que tiene un olfato comercial lo suficientemente agudo -y digno- como para saber qué le va a gustar a la gente, antes de que a la gente le guste: Steven Spielberg.  

Solo se me ocurren tres palabras para resumir toda esta crítica: TIENES QUE VERLA. Todo lo demás que puedan explicarte, sobra. En serio.

TRAILER

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