Green Book: el gran show de Viggo

Green Book 
Dirección
Guion
Brian Hayes Currie, Peter Farrelly, Nick Vallelonga
Música
Kris Bowers
Fotografía
Sean Porter
Reparto
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Existen una serie de películas que han creado una especie de subgénero en sí mismas: son películas hechas por y para ganar un "Oscar" de la industria de Hollywood y tienen una serie de características bastante claras. Todas ellas intentan retratar algún problema social, étnico, físico o mental. Y por supuesto, si están basadas en hechos reales muchísimo mejor. Ahí tenemos a directores como Ron Howard que están auténticamente especializados en este tipo de cintas -que deben durar más de dos horas, por supuesto- tener grandilocuencia visual, e intentar fomentar en el público una presunta "reflexión" sobre el mundo, conmoviendo de manera más ficticia que real. El caso es que a este tipo de "películas Frankenstein" se les suelen ver demasiado las "costuras", y el invento no suele funcionar, porque lo vemos venir todo de lejos. Está todo trazado con brochas demasiado gordas.

Pero en este caso, y aunque están presentes todos los factores para cumplir ese cometido de "película de Oscar" -basada en hechos reales, se toca el racismo, la desigualdad de clases, etc.- uno de los famosos hermanos Farrelly nos ha sorprendido, porque todo funciona. Si, si, ese majareta que con su hermano nos trajo locuras como "Algo pasa con Mary" o "Dos tontos muy tontos", ahora se ha puesto serio de verdad para trasladarnos al año 1962, en plena era Kennedy en la que se empezaba a soñar con la igualdad racial en Norteamérica. Ese mismo sueño que tuvo Martin Luther King Jr. es el que tiene el protagonista de la película, un exquisito, cultísimo y genial pianista que deleita a propios y extraños con sus discos, y que tiene intención de hacer una gira de conciertos por el sur de Estados Unidos en los locales más selectos. Claro que hay un problema: es negro. En ese contexto, no se le ocurre otra cosa que contratar a Tony Lip, un pendenciero y maleducado italoamericano del Bronx para que le haga de chófer y lo lleve a los hoteles y restaurantes que están en el "green book", o sea una guía en la que los negros son "bienvenidos"...

Aunque pueda sonar bastante a una versión invertida de "Paseando a Miss Daisy" -otra película claramente "oscarizable" (de hecho, lo fue...)- por aquello de enfrentar personalidades contrapuestas a lo largo de todo el desarrollo de la historia, en esta ocasión se va a dar un paso más allá, en el sentido de las etnias, la educación, los valores, el dinero, la familia... todo un marasmo de sensaciones en las que las extremas posiciones del famoso pianista y del chófer se irán acercando.

Por supuesto, la película tiene un protagonista absoluto, que realiza un verdadero tour de force de principio a fin: si ya sabíamos que Viggo Mortensen era un buen actor, ahora lo rubrica con un papel que bien puede valerle el oscar (ya ha ganado por este personaje el premio BAFTA). Aunque pudiera parecer que su registro pudiera ser algo extremo, todo lo contrario: imprime una dosis de realismo verdaderamente demoledor, añadiendo además unas notas de auténtica ternura, haciendo que quedemos fascinados por un personaje que tiene las cosas más que claras, y que detrás de toda su desidia y falta de educación, está una lealtad inquebrantable, unos valores familiares que están por encima de todo, y por supuesto, un código de honor en su trabajo totalmente inflexible: si contratas a Tony para hacer algo, ten la completa seguridad que lo hará, sea como sea.

Que si, que todo suena a muy tópico. Que hay secuencias en las que vemos palpablemente el racismo sureño de los USA, que los personajes pelean por la igualdad, la libertad, la fraternidad... pero que pesar de todos esos tópicos más que evidentes, la historia funciona, conmoviendo cuando menos lo esperas y de la manera más directa. Sin tontería alguna; porque el guión -en el que ha participado el autor de la novela, Nick Vallelonga, que es hijo del personaje de Tony Lipp, en realidad Anthony Vallelonga...- está muy bien escrito y aunque puedar resultar previsible en algunas ocasiones, consigue conectar.

Lo más sorprendente de todo esto, es comprobar una vez más que las palabras de Billy Wilder son rigurosamente ciertas: un (buen) director de comedia es capaz de hacer cualquier tipo de películas, porque la comedia es el género más difícil. Peter Farrelly lo ha demostrado con creces, alejándose del registro desmadrado y extremo de las películas que ha dirigido con su hermano Bobby, y accediendo a la memoria sentimental de un país con gran sutileza y elegancia.

Aunque sea una película "de oscar", está francamente bien, merece la pena viajar por esos lugares donde la igualdad entre los hombres es un sueño, a través de dos personajes que nos enamoran a cada plano por su veracidad, emotividad y coherencia.

TRAILER

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