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1917: Una experiencia única

1917
Las guerras siempre han sido un fértil terreno a la hora de hacer películas, no sólo en el ámbito bélico, sino en el de aventuras, thrillers, dramas y/o críticas sociales y así un larguísimo etcétera. Pero en realidad, han sido pocas las películas que hayan influido en la visión que tenemos de la guerra, de cómo fueron cada una de esas guerras y lo que es más importante, cómo eran cada uno de esos personajes.

Aparte de los referentes temáticos innegables ("Apocalypse Now", "Braveheart", o incluso "Senderos de Gloria", que también sucede en la Primera Guerra Mundial y de la que bebe recursos estilísticos como los travelings en las trincheras y otras secuencias...) existen algunas cintas que revolucionan la narrativa no solo de este género, sino del cine mismo como "Johnny cogió su fusil", un alucinante experimento cinematográfico en cámara subjetiva. Bueno, pues estamos ante una de las películas que marcará un antes y un después en el género de las películas de guerra y en el cine mismo, porque aunque Hitchcock ya hiciera una película con un único plano secuencia (aunque hizo trampas...) en "La Soga", lo que ha hecho Mendes en "1917" es una barbaridad: dos horas continuadas con la misma secuencia (aunque también ha hecho trampas, pero perfectamente camufladas y casi indistinguibles) pero cambiando de escenarios, cambiando de ritmo, cambiando y modificando el tiempo cinematográfico (hablamos de dos horas de proyección, pero en realidad pasan dos días...).

Una experiencia realmente alucinante, en la que seguimos en todo momento a los dos protagonistas, unos soldados que tienen que llevar un mensaje a través de la tierra de nadie para evitar un ataque que puede provocar una masacre en las tropas de su ejército (el inglés). Con ese pretexto, Mendes consigue mostrarnos la faz de una guerra -la Primera Guerra Mundial, o llamada "La Gran Guerra"- que mucha gente tiene más o menos olvidada históricamente (han pasado ya más de cien años...) pero que fue una de las más crueles, duras y salvajes de la historia de la humanidad.

Es la primera vez que Mendes ha participado en la escritura del guión de una película, y para ello ha tomado como referencia las experiencias de su propio abuelo, que estuvo encargado de entregar mensajes en el frente en la Primera Guerra Mundial. En ese entorno opresivo, este director articula una carrera contrarreloj para conseguir los fines de los protagonistas (entregar un mensaje antes del ataque), imprimiendo un ritmo realmente agotador para la espectador, con una exquisita progresión que casi se cuela en la narración (y que es justo lo que hubiera querido hacer Nolan en "Dukerque", y que evidentemente, no consiguió...). Y encima, con el virtuosismo visual absolutamente conseguido del plano secuencia. Se queda uno petrificado al ver cómo la cámara casi adopta un tono periodístico documental al ritmo de las evoluciones de los dos personajes.   

Habiendo firmado títulos tan importantes como "American Beauty", "Camino a la Perdición" o "Revolutionary Road", Mendes ya se acercó a la temática bélica con "Jarhead, el infierno espera", con bastante menor acierto que con "1917", donde se nota perfectamente el mimo a la hora de contar esta arrebatadora historia que a veces puede asemejarse a un videojuego de plataformas, y cada amenaza puede ser mucho peor que la anterior, y que tienen que ir superándose una tras otra para poder llegar a conseguir el objetivo final. Encima, transmite algo que muy pocas películas bélicas consiguen: mostrar la fragilidad de la vida humana en esos conflictos, en la que cualquier cambio, cualquier circunstancia, cualquier movimiento o cualquier encuentro puede matarte. Así de fácil. Desde una alambrada mohosa hasta una rata con rabia. Desde unas cataratas desbocadas a un bombardeo. Desde un tiro hasta una bayoneta.

Es tremendo percatarse de que más allá de los planes de los generales y los oficiales, el día a día de guerra ocasiona estos verdaderos infiernos donde la vida prácticamente no tiene valor, y cada segundo, cuenta como si fuera el último -porque tampoco sabemos cuándo va a ser exactamente-. Los relativamente desconocidos George MacKay y Dean-Charles Chapman han sido rodeados de un reparto verdaderamente estelar donde podemos encontrar a Colin Firth, Mark Strong, Benedict Cumberbatch o  o Richard Madden.

Pero lo más alucinante de la película -además de esa narrativa de plano secuencia que tanto tenemos que aplaudir a Roger Deakins, el director de fotografía que ha trabajado codo con codo con Mendes, aunque toda esta idea nace de la secuencia inicial de "Spectre", el Día de los Muertos en México- es la capacidad de mostrar tanto el barro y el lodo más infecto -en secuencias en las que casi podemos oler la inmundicia...- como la épica y honor más elevado. Y encima en el mismo plano secuencia. Es alucinante, una experiencia como hasta ahora no había vivido en todas las veces que he ido al cine. Un antes y un después, vamos...

Y para rubricar y darle aún mejor forma a todo esto, tenemos una banda sonora de Thomas Newman que funciona a la perfección, que sabe subrayar con el trazo justo y sin llegar a lo fácil (justo lo contrario de lo que intentó Zimmer en "Dunkerque", que es el referente de "wannabe" que "1917" ha conseguido con creces). Los hipnóticos y grandiosos planos que se concatenan para narrar la apasionante aventura de esta pareja de atolondrados -pero entregados- soldados, son capaces de transmitir toda la responsabilidad y honor con las que deben ser cumplidas las órdenes, para que la humanidad siga creyendo en sí misma, a pesar de la barbarie de la guerra -o quizás, sobre todo por la barbarie de la guerra-.

Realmente merecidos todos los premios internacionales -incluidos los Globos de Oro- que ha conseguido, ya que eleva a cotas estratosféricas una historia apasionante que sorprende a cada minuto (no puedo decir a cada plano, porque insisto, estamos ante un único -aunque tramposo- plano secuencia...), y que no deja que el espectador prácticamente pestañee, mostrando cada una de las complejas y desconcertantes situaciones que pueden producirse en una guerra. Es, desde ya, un clásico no sólo del género bélico, sino de la historia del cine, que seguro que cosechará con toda la razón del mundo, todos los Oscars posibles. Una experiencia única.

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