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Todavía no está todo inventado

Drive

Tengo que confesar que cuando leo muchas críticas positivas sobre una película, cuando me entero que ha recibido muchos premios, y cuando alguien me dice "es la mejor película del año" me suelo poner muy a la defensiva a la hora de verla. Es más: suelo ir con un fusil ametrallador con mira telescópica y cuando me siento en la butaca, estoy esperando para despedazarla. Y así es exactamente como fui a ver la cinta que nos ocupa, y que contra todo pronóstico, me encantó; me pareció una de esas pequeñas joyas en las que un cineasta es capaz de destilar lo mejor de su narrativa a la hora de contar una historia que, bebiendo de clásicos como "Bullit", "Taxi Driver", cualquier cinta de Sergio Leone -y por ende, del universo Tarantino...-, es capaz de trascender a estas y conseguir dar un paso más en la estética y en la propia dramaturgia. Parece mentira que con personajes tan manidos como ladrones de bancos, traficantes, mafiosos, mecánicos y misteriosos desconocidos y con elementos tan clásicos en ecuaciones del cine negro como coches deportivos, robos, ajustes de cuentas y amores imposibles se logre un producto original, que demuestra que no todo está inventado, que aún se puede aportar algo nuevo a la historia del cine. Aunque exista quizás un afán desmedido en la forma, que en muchas ocasiones olvida el trasfondo -como ya pasaban en anteriores películas de este realizador danés como "Bronson" o "Valhalla Rising"-, se da un paso más allá, llenando mucho más el contenido. Además el lirismo audiovisual de este realizador llega a la categoría de auténtico arte, conmovedor, intimista y de un calado emocional realmente turbador. El uso de esos elementos tan básicos, pero tan demoledoramente efectivos, consigue dejarnos en muchos casos realmente hipnotizados por la fuerza artística de la expresión; pero lo más alucinante, lo que más me impactó es que toda la contundencia con que Winding Refn utiliza la violencia nos explota cuando menos lo esperamos, de una manera tan fortuita, tan azarosa como la vida misma. Esos matices grises, que tan mal estaban difuminados en "Bronson", ahora llegan al nivel de un cuadro de Monet, en una microscópica escala que sube in crescendo casi sin darnos cuenta: un buen chico trabaja en un taller mecánico. De modales exquisitos, educado, amable y callado, en sus horas libres también realiza tareas de especialista en persecuciones y escenas de accidentes de coches en rodajes de cine y televisión de la ciudad donde vive, nada más y nada menos que Los Angeles. Pero su dominio de los coches llega mucho más allá, ya que también participa en robos, siendo el conductor perfecto, capaz de sacar de cualquier problema a los atracadores de cualquier sucursal o almacén. Claro que su bien ordenada vida, empezará a cambiar cuando descubre a su vecina y su hijito. No hace falta decir más. No hace falta explicar más. Todo lo demás está en la pantalla, esperando para ser descubierto, y créeme, que lo descubrirás, en uno de los más sorprendentes, preciosos -a pesar de su brutal violencia- y estilísticamente perfectos filmes de los últimos años. Pero por si faltara poco con esa ración de dominio visual, este director consigue tener un nivel actoral de un nivel superlativo, con estrellas clásicas como Albert Brooks, iconos del género como Ron Perlman, y un joven protagonista como Ryan Gosling que rubrican una cinta realmente fantástica. De las que merece la pena ver un mínimo de tres veces, y así apreciar todos los sutiles matices que nos ofrece, a cada plano: si metiéramos en un coctelera a Tarantino, a David Lynch, a Scorsese, a Peckinpah e incluso -y me atrevo a decirlo..- a Kubrick, tendríamos este film, que además emplea de una manera ejemplar la banda sonora.

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Vaya chasco...

Sherlock Holmes 2: Juego de Sombras

Al final va a tener razón un amigo mío que califica a Guy Ritchie como "un cineasta con mucho talento, pero muy perezoso". O sea, que el hecho no dar palo al agua cuando estuvo casado con Madonna al final no se debía a que la gran diva del pop lo eclipsara, no. Se debía a que era más flojo que un muelle de guita. Y viendo su último film, continuación de la exitosa revisión del personaje de Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes, uno ya se hace a la idea de que a Ritchie, si le sale bien algo, sigue apostando a esa carta sin comerse mucho el coco. Como le funcionó "Lock & Stock", pues venga, a seguir haciendo lo mismo en "Snatch" (mucho mejor, por supuesto) y en "Rock&Rolla" (dando otra vez, un paso atrás al intentar exprimir una fórmula narrativa y visual que parece habérsele agotado). Con esta tres cuartos de lo mismo; con lo cuidadito y coherente que estaba el guión en la primera parte...pues hale, ahora la cagan estrepitosamente, de momento eligiendo a uno de los malos más carismáticos de la historia de la literatura (con perdón del Cardenal Richelieu), porque el Napoleón del Crimen -tal y como definía el propio Holmes-, la mente criminal homóloga al famoso detective, es decir, el Profesor James Moriarty, ahora es un malo de opereta, representado por un actor correcto pero nada carismático, la antítesis de lo que debería ser la némesis de Sherlock Holmes (¿qué pasó con Brad Pitt, amigo de Ritchie desde "Snatch" y que al parecer iba a ser el actor elegido para dar vida a Moriarty?). El caso es que ni las maquinaciones, ni los planes, ni siquiera las ambiciones del personaje en la historia pueden acercarse ni de lejos a la magnificencia que en su versión literaria tenía. Ritchie, parece haberse afanado mucho más en crear escenas visualmente impactantes (haciendo un uso casi obsceno de la cámara lenta y el "bullet-time", o más bien, un falso "bullet-time", tal y como hizo en la primera parte...) y con acción realmente agotadora (un verdadero recital de explosiones, tiroteos, golpes, etc.) que en contar una historia, porque el hilo dramático del film es tan pobre como previsible y o mucho me equivoco, o toda la culpa de este completo despropósito la han tenido el matrimonio Mulroney, que han escrito un pobrísimo guión, seguramente debido a su mínima experiencia y profesionalidad como guionistas (salvo "Paper Man" dirigida por la propia Michele Mulroney, sus créditos figuran más como productora -ella- y como actor -él-: el Dr. Watson y su prometida Mary están a punto de casarse, pero tras hacerlo y en plena luna de miel, se ven envueltos en un caso de Holmes tan peligroso que puede llegar a provocar una Guerra Mundial... y todo ello con un misterioso nombre orquestándolo todo desde la sombra, un eminente matemático y profesor de universidad llamado Moriarty. Tanto por la estética de cómic, recogida desde la obra de Lionel Wigram -que además de producir esta saga, también lo era de la de Harry Potter...- como por los actores y los registros de Law y Downey Jr., estaba deseando ver esta segunda parte, creyendo además que podría cimentar todavía más la (nueva) trayectoria de Ritchie como director capaz de enfrentar cualquier tipo de proyecto, más allá de su universo "cockney" netamente londinense... pero mucho me temo que el talento de este realizador queda muchas veces eclipsado por su vagancia a la hora de currarse un poquito más sus películas. ¿Que esto ha funcionado? Pues hale, hombre, no te comas la cabeza y otra ración doble de lo mismo, que seguro que les encanta a todos. Una verdadera lástima, porque, o mucho me equivoco, o el público no acogerá con las mismas ganas a posteriores películas de Holmes, de seguir esta franquicia por el mismo camino. Ya estamos un poquito hasta las narices de que a los que disfrutamos sentándonos en una sala de cine nos tomen por idiotas. Lamentablemente, es lo que he sentido al verse prostituir toda la ingeniería mental de personajes como Sherlock Holmes y por supuesto Moriarty, convertidos en dos auténticos peleles de opereta barata, reduciendo sus planes, sus maquinaciones y su inteligencia a simples trucos baratos para que el guión "encaje" a gusto de sus creadores. Claro, un chasco monumental, a ver si espabilan y la próxima vez (si la hubiera o hubiese) lo hacen un poco mejor, hombre...

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